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Thursday, September 11, 2014

Magali Alabau / Poesía / Diario de Cuba

http://www.diariodecuba.com/de-leer/1410256702_10301.html

'En el suelo de la calle/ había sangre todavía./ Rojo líquido incrustado./ Ripio rojo en el cemento./ Noche larga imaginando qué hacer/ con el peso del día.'

Friday, August 1, 2014

Magali Alabau / Poesía / Diario de Cuba



Los pájaros me despiertan con sonidos
que parecen ser del cielo.
Creo que me hablan
a cambio de semillas
y del agua que les dejo
muy temprano.
No conozco cuáles son sus nombres
o sus categorías,
sé que pintan un cuadro
en la ventana, 
saltando, huyendo, 
enmascarados en las ramas.
¿Dónde duermen?
¿Dónde pasan el invierno?
Ellos que tan frágiles son, determinados, 
aunque exista nieve, llegan a recoger semillas.
Al cardenal lo reconozco por su rojo brillante,
rojo que vuela como el fuego,
siempre acompañado por su amante,
su cónyugue o su amiga.
Por años me han visitado al final de cada invierno.
Un día, a principios de abril, su compañera,
con bellos pálidos verdes y amarillos,
se arrojó contra el cristal de la ventana.
Una y otra vez se golpeaba
como si hubiera enceguecido.
Quién sabe qué tormento la acechaba.
Golpes contra el panel de vidrio.
Esa primavera la vi día a día hacer lo mismo,
repetir la hazaña hasta un día que la encontré herida,
muerta ya dentro del cuarto.




Magali Alabau nació en Cienfuegos en 1945. Sus últimos libros publicados son Dos mujeres(Betania y Centro Cultural Cubano de Nueva York, Madrid, 2011) y Volver (Betania, Madrid, 2012).

Monday, July 8, 2013

Magali Alabau / Azul / Diario de Cuba


Azul
El rictus perenne de mis labios
dibuja desbordante asombro
al ver en una foto la fachada
del edificio donde nací,
restaurada,
como llaman a ese borrón histórico
que insiste poner orden
a los hechos,
edificio donde viví y ahora llaman
patrimonio de la patria,
lugar que recuerdo como un palacio
fin de siglo,
de escaleras de mármol
y ventanas con vitrales color vino
con largos corredores y pisos de mosaicos
negros blancos de un ajedrez imaginario
donde yo entre los muebles
patinaba.
Han borrado mi infancia
con ese azul cake de cumpleaños,
azul sin mar,
sin luna,
azul sin niebla ni reinados.
Debería enviar una carta al aguacil
del pueblo,
quejarme,
decir que han arrasado con mis juegos,
con la acera donde montaba bicicleta
y el auto negro que puntual esperaba
llevarnos a la playa.
¿Podría emocionarme
al entrar nuevamente a mis cobijas
buscando la vitrina que guardaba chocolates,
ahorrados en ese museo exótico y estático
que abuela concebía?
Ese azul turista no encaja en ese espacio
en que reinaba un sutil calvinismo
y rezábamos el Padre Nuestro
al principio del almuerzo y las comidas,
donde cerca de mi cama se encontraba
la sabiduría de un tercer ojo que lo veía todo
hasta el ritual de tomar un vaso de leche
servido por el ángel de la guarda.
En la adusta sala, rodeada de muñecas,
—oficina ahora del guardador del pueblo,
creció el universo.
¿Podría ese azul de todos,
azul de burócrata aburrido
eliminar con un brochazo
la paz de ese santuario
donde la compasión era aprendida?
¿Podrá ese azul de chapas y descaro
hacerme olvidar los rostros
de un hogar
donde apenas se hablaba
o se reía?


Magali Alabau nació en Cienfuegos en 1945. Sus últimos libros publicados son Dos mujeres(Betania y Centro Cultural Cubano de Nueva York, Madrid, 2011) y Volver (Betania, Madrid, 2012).

Thursday, January 10, 2013

Magali Alabau / En La Habana, en enero, hace calor...

Diario de Cuba / De leer



En La Habana, en enero, hace calor.
El hotel en que me hospedo desemboca al mar.
Abro la puerta de este lujoso, tan nefasto
también tan necesario,
abro la puerta del balcón
y miro al mar.
Tímidamente nos reconocemos.
El mar no es como yo,
lanza sus brazos blancos,
quiere que me deje arrastrar hacia su orilla,
abrazarme, darme la bienvenida.
Náufrago, qué haces por acá, vas tan perdido.
¿Cuál es tu roca? ¿Cuál es el azul que te permite sonreír?
Frente a mí qué caminata quita el pésame de cada gesto.
¿Cuál de mis grises llevarás en el recuerdo?
Todos los que vuelven de visita consagran su vista
en este pedazo de lienzo azul detrás de torres: Malecón,
aquí nadando están los nombres que me detiene descifrarlos
el musgo, mirar intensamente la piedra bajo el agua,
querer trazar el horizonte de otro día,
arrinconar las latas de bebidas vividas
por tus nocturnos visitantes.
Aquí está el primero que dijo yo me marcho.
El que trazó con silencioso afán su itinerario.
El que planeó la ayuda de tus conchas,
el que escondido se sintió molusco y hombre
decidiendo futuros.
Mal concebidos fueron sus letargos en la espuma,
mal recogidos sus secretos.
No contaron con tu anchura sin límites
ni el poderío de las olas crecientes inundándole el buque.
Mar, me hiciste un pequeño barquito de papel
donde navego perdida, tapizando la arena
con miles de reproches.
Las cadenas y el aire me llevan, me alejan de tu vientre.
¿Dónde has guardado mi iniciación, mis ritos juveniles,
por qué perdí la espuma, el agua infantil que tus playas
prendidas de recuerdos, me impulsaron al fondo, a conocerte?
          ¿Te acuerdas de mis pies,
               de la caricia de tus gotas en mis hombros?



Magali Alabau nació en Cienfuegos en 1945. Sus últimos libros publicados son Dos mujeres(Betania y Centro Cultural Cubano de Nueva York, Madrid, 2011) y Volver (Betania, Madrid, 2012). Este poema pertenece al libro Hemos llegado a Ilión.

Saturday, November 24, 2012

Entrevista a Felipe Lázaro en DIARIO DE CUBA


Betania, un cuarto de siglo

José Prats Sariol
 | 
Arizona
 | 24-11-2012 - 7:39 am



Felipe Lázaro, editor-director de Betania, habla de su editorial, de autores y libros favoritos, de Gastón Baquero y del libro digital.

http://www.diariodecuba.com/cultura/14111-betania-un-cuarto-de-siglo

Saturday, July 7, 2012

Monday, April 30, 2012

Umberto Peña / Pinturas y dibujos recientes

Diario de Cuba / La exposición Acerca de Salamanca: Pinturas y dibujos recientes (enero de 2012, Salamanca, España), marcó el regreso de Umberto Peña a la pintura tras varios años entregado a su carrera como diseñador gráfico.


http://www.diariodecuba.com/multimedia/galeria/umberto-pena-pinturas-y-dibujos-recientes

Monday, April 16, 2012

Roger Salas/El eunuco de mármol/Cuento...click!

Diario de Cuba

Cepp Selgas / Cover / El eunuco de mármol

Un viaje de trabajo a Barcelona me puso en la pista y motivaciones de este relato cuyas bases están en la pintura de dos artistas singulares: el belga Paul Delvaux y el polaco-francés Baltasar Klossowski de Rola, Balthus, que tenía un hermano filósofo, Pierre Klossowski, ambos niños terribles que en su más turbia preadolescencia sirvieron de inspiración a un pasmado Jean Cocteau. Pierre adoraba al Marqués de Sade y sus escritos referenciales me llevaron a un terreno tan ritual y propicio como especulativo donde encajar los personajes del cuento. También la rebusca en el catálogo de crónicas colombinas y de misioneros me aportó los testimonios sobre las prácticas de sacrificios humanos y canibalismo en Sudamérica, aunque las evidencias arqueológicas no han llegado hasta tiempos recientes confirmando que los escribientes del siglo XVI no mentían. He usado del mundo inca el sacrificio mochica donde una de las sacerdotisas oficiantes desangra a la víctima, un joven físicamente escogido por su perfección, para ser ofrecido como líquido substancial (su sangre) a los dioses. La capacocha, muerte del niño en la cumbre de Cuzco, cerca del banquete del emperador, también me aportó elementos. El cuento está dedicado a Vito Montaruli y Sinan Nergis, que me han devuelto la pasión por Turquía y el mítico sarcófago de Alejandro que se custodia en el Museo Arqueológico de Estambul.

R.S.

Marcos Guardiola Martín / Inside illustration / El eunuco de mármol

El loquito dulce de las bibliotecas...click!

Diario de Cuba / Reinaldo García Ramos / Miami



En la región opaca de los pergaminos desusados

y las ediciones carcomidas, que se deshacen con el viento,

en los manuscritos coloreados en que no se percibe

el olor borroso del geranio, allí donde aparecen las miradas de cera

y resuenan espadas que no existen

y se pueden medir combates concluidos,

y se ven las contorsiones del soldado herido que no piensa morir,

él sigue leyendo y leyendo cada día,

va guardando despacio un aullido en la garganta del desierto,

pone una sonrisa ante los abismos del oráculo,

teje con su aliento un pasadizo para que retorne el peregrino,

inventa una palabra refulgente para el descubrimiento de las islas,

y después esconde todo eso bajo el escritorio,

como si quisiera demostrar que el gran Eneas no se equivocaba:

en el camino de cualquier demente

siempre habrá una ciudad eterna, armada en el papel,

una ciudad que espera ser fundada.